15 de diciembre de 2010 |

Ballenas Jorobadas

Dos propósitos trajeron la semana pasada a República Dominicana a Miko Schvartzman, coordinador de la campaña de océanos en América Latina de la organización ecologista Greenpeace.

Uno es felicitar al pueblo y el gobierno dominicano por haber reconocido la importancia que tiene para el país el haber pasado a formar parte en 2009 de la Comisión Ballenera Internacional (CBI), el organismo que se encarga de regular el manejo de las poblaciones de ballenas a escala global y que cuenta con 88 miembros.

El otro es presentar su preocupación debido a que el país no estuvo presente en la última reunión del organismo que se celebró en Marruecos y en la que fue aprobada a favor de Dinamarca la cacería de 9 ballenas jorobadas por tres años en Groenlandia.

“Como no estuvo presente, no pudo manifestarse ni representar la opinión de los dominicanos con respecto a la protección de las ballenas”, dijo Schvartzman, argentino y activista social, a LISTÍN DIARIO.

Schvartzman se reunió con el ministro de Medio Ambiente para conocer las razones que impidieron la presencia de República Dominicana en la reunión de Marruecos y para solicitarle la posibilidad de que asista a la del 2011, en Londres.

El motivo de la ausencia dominicana es que el país no pagó la cuota por membresía que deben abonar los países a la CBI. Jaime David Fernández admitió que cuando ratificaron su adhesión a la CBI ya habían enviado el presupuesto al Congreso y que la partida, de unos 12,000 dólares, no estaba contemplada.

RD es miembro clave en la Comisión Ballenera
Jaime David Fernández, ministro de Medio Ambiente, aseguró a Greenpeace que República Dominicana estará presente en la próxima reunión de la Comisión Ballenera Internacional (CBI), con voz y voto, defendiendo a las ballenas.

La información agradó a Miko Schvartzman, coordinador de la campaña de Océanos de la organización ecologista, la más grande del mundo, porque la ONG considera que la cacería de jorobadas en el Atlántico Norte afectará el turismo de avistamiento que se desarrolla en el país.

“Cada año habrá algunas menos porque las va a estar cazando un país que dice que lo hace con fines de subsistencia o de alimentación pero que en realidad las vende en los supermercados. Dinamarca es uno de los países más ricos del mundo; no tiene ninguna necesidad alimenticia, es mucho más importante la necesidad de nuestros países latinoamericanos de que nuestras comunidades costeras puedan tener acceso a actividades económicas como es el turismo de observación de ballenas”, dice Schvartzman.

Un miembro clave
Para Greenpeace, República Dominicana no es un miembro más en la CBI. Según estimaciones, al país llega el 95% de las ballenas jorobadas del Atlántico Norte, que tiene una población aproximada de 900 ballenas. Alrededor de 35,000 personas las observan cada año en las costas dominicanas. Comparado con el tamaño del oceáno, “mil ballenas en el Atlántico Norte es casi nada”, señala Schvartzman, sobre todo porque las ballenas son especies que requieren mucho tiempo de recuperación cuando son cazadas.

“Por eso es importante que el país esté presente en las reuniones de la CBI no sólo porque representa un voto, sino porque es el país más importante en conservación y avistamiento de ballenas en el Caribe, es un país referente, es un miembro muy importante y el único del Caribe que estaría en la CBI defendiendo las ballenas”, opina.

Según Schvartzman, República Dominicana tiene el privilegio de tener a las ballenas jorobadas, la especie más emblemática, reconocida y popular del mundo porque se acerca a las embarcaciones y con sus brincos y piruetas deleita a los observadores.

Campañas globales
Greenpeace promueve el aprovechamiento sostenible de las ballenas.

De acuerdo con Schvartzman, vale mucho más avistar una ballena durante sus 50 años de vida y llevar turistas todos los años a verla que matar miles en un solo día. La ONG, que nació en 1961 y defiende a las ballenas desde 1974, fue la primera organización que en 1975 se enfrentó a balleneros soviéticos y desde entonces realizan novedosas -y a veces arriesgadas- campañas de sensibilización. Las defienden, indica Schvartzman, porque revelan cómo la sobreexplotación de una especie las lleva al borde de la extinción.

“Es un desafío para la humanidad poder salvar a las ballenas. Si no podemos salvar uno de los animales más reconocidos, más carismáticos y pacíficos que tiene el mar, el animal más grande que existe en el planeta tierra, si no podemos salvar a las ballenas, muy poco vamos a poder hacer con el cambio climático, con la contaminación y con otros problemas gravísimos que nos afectan”.

ES DIFÍCIL LLEGAR A UN ACUERDO
La cacería de bellenas es, según Greenpeace, uno de los problemas más simples relacionados con estos cetáceos que tiene pronta solución, ya que bastaría con que varios países se pongan de acuerdo y la paren. “No es una necesidad alimenticia ni cultural la de estos países que aún siguen cazando ballenas”. Esos países son Japón, Islandia, Noruega y ahora Dinamarca, apenas cuatro de los 88 miembros de la CBI. Eso también tiene su explicación, señala Schvartzman.

La CBI fue creada en 1946 por países cazadores de ballenas, con reglamentos que observaban esta práctica y por ello es difícil alcanzar medidas de conservación.

“En ese momento no existía el turismo de avistamientos.
Geenpeace fue una de las organizaciones, entre muchas otras en todo el mundo y ciudadanos, que logramos el mayor hito en la conservación de ballenas, y tal vez de los mares: poner en vigencia, en 1986, la moratoria a la caza comercial de ballenas. Si bien ahora hay tres o cuatro países que cazan entre todos casi 3 mil ballenas al año, en el momento de la moratoria había una docena de países que cazaban miles y miles de ballenas”.

Visto desde esa perspectiva, ha habido un avance. En el caso de las jorobadas, sigue, hubo temporadas en las que se cazaban hasta 10 mil ejemplares, “prácticamente la cantidad de ballenas que queda en la actualidad”.

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